La existencia humana consiste en empezar de cero, pero se tarda mucho en llegar a cero
La esencia de la vida no es sufrimiento, el sufrimiento es un accidente que arremete contra la vida o un momento de transformación de la misma. El primero esta fuera de nuestro control y es negativo, el segundo es necesario y beneficioso.
La existencia humana deseable consiste en empezar de cero. Pero se tarda muchísimo en llegar a cero. Ese cero al que me refiero es el de la, idealmente, la pureza conceptual. La definición apropiada de lo que somos. No es que alcancemos la perfección de esta tarea y que sea necesaria esa perfección para alcanzar una existencia humana deseable. Se trata de aproximarse a comprender esencialmente nuestra condición. No es posible desarmar todas nuestras pre-concepciones con precisión quirúrgica pero al menos podemos tomar consciencia reflexiva de las mismas.. Hablo de una comprensión y aceptación radical de lo que es ser humano sin las suposiciones sociales aceptadas sin escrutinio que llegan a calar y definir nuestras mentes erróneamente. El ser humano tiene la posibilidad de experimentar la consciencia. Es lo más complejo y gratificante que existe. En contraparte, hacer las cosas por inercia no trae la misma complacencia. Hacer tareas automáticamente nos asemeja a microorganismos que responden con respuestas predefinidas e invariables al entorno. Sentir lo que hacemos nos complace no solo por el acto en sí, sino que nos hace sentir nuestra existencia y consciencia. Una piedra no puede ser consciente, no puede sentir gratificación, no lo necesita, y no es un ser que ejerza ninguna actividad. El humano es otro cúmulo de átomos que, esta vez, por una gloriosa casualidad, disfruta del deleite de la consciencia. La consciencia es lo único que se complace en la existencial. Un ser vivo sin consciencia es una serie de operaciones orgánicas sin respuesta desarrollada al percibir los limites físicos que le avisan que es una cosa separada del exterior. Tampoco puede responder a la existencia de otros seres, solo interactúa con ellos por inercia.
La consciencia es agradable, pero además corremos el riesgo de padecer a causa de ella. Es un error pensar que la consciencia es esencialmente sufrimiento. Las condiciones en la que la consciencia se desarrolla pueden provocar sufrimiento pero no siempre sucede así. La consciencia de la existencia no es angustia, la angustia viene cuando estamos en una circunstancia adversa y debemos escalar desde ese pozo hasta la calma. Atribuimos erroneamente el sufrimiento de la lucha a la consciencia y terminamos etiquetandola como un sufrimiento del cual debemos despojarnos. Lo sentimos injusto. Comenzamos a desear no existir en lo absoluto. Pero el problema, nuevamente, es la circunstancia y no la esencia. La vida no es sufrimiento per se. O al menos no el sufrimiento agonizante y angustiante que percibimos. Hay que hacer una distinción. No es lo mismo sufrir cuando hago arte y me duelen las manos y no encuentro la solución a mis trazos, luces y composición, que sufrir porque culpa de un accidente nunca mas voy a poder dibujar. Ambos sufrimientos cumplen funciones distintas. Y aún en una situación extrema de este estilo donde se nos amputa lo que amamos hacer en la vida, el ser humano se hace lugar y transforma (generalmente) este sufrimiento del segundo tipo (sin propósito) en uno del primer tipo (con propósito). Pasamos de un sufrimiento que nos hace cuestionar la vida a uno que nos hace aferrarnos a ella.
El primer sufrimiento (de transformación) es producto de la deformación de lo que somos mediante la exigencia hacia estado superior, hacia una esencia superior. La esencia humana, aquello que nos hace ser lo que somos, que definen nuestra identidad, no es fija, no es invariable. Se aproxima a la perfección o no. Y la perfección no es un concepto angustiante y exigente como muchos creen. Es un ideal en el que el sufrimiento innecesario o del segundo tipo no tiene presencia y la plenitud de la existencia brilla por su total presencia. Como todo ideal, esto es inalcanzable pero infunde propósito y nuestra aproximación es suficiente. *El segundo sufrimiento (el destructivo) es aquel que emerge de los accidentes de la vida, de la hostilidad de la existencia, un evento fortuito desafortunado que arremete contra la trayectoria que habíamos definido. No cumple un propósito, solo hace daño, un daño del que nos toca recuperarnos y que generalmente nos obliga a convertirlo en el primer tipo de sufrimiento. Estos son fácilmente intercambiables porque son muy parecidos. La transformación también es destrucción. A veces hay que soltar, destruir o deformar lo que ya está para alcanzar un estado superior. El sufrimiento destructivo es lo mismo pero sin un propósito. La esencia o el estado superior es estados mentales mas saludables, funcionales, organizados y que producen mejores resultados para sí mismo. Esto se traduce en menor sufrimiento innecesario y mayor resistencia a ambos tipos de sufrimiento.
El sufrimiento esencial de la vida es el primero y no es lo mismo que decir que la vida es esencialmente sufrimiento. Todo el tiempo nos estamos transformando. Esa esencialidad de este tipo de sufrimiento y no del otro se percibe en cómo el ser humano ha ido quitando de en medio el segundo tipo a través de la tecnología (social, material, intelectual, etc.). La crisis existencial se padece enormemente no porque se deba padecer así, como en el segundo tipo. Se padece porque estamos empujados a reprimirla, a ignorarla, a no dialogar con ella de tal modo que en nuestra percepción, el sufrimiento existencial pasa a ser del segundo tipo y no le vemos propósito o finalidad porque el estigma social y los deberes y valores morales actuales apuntan a la productividad, a la actividad. La realidad es que esa transformación es necesaria y es un sufrimiento del primer tipo. Actualmente no solo está mal visto detenerse a sentir el sufrimiento y a dialogar con la existencia, sino que la constante actividad no nos deja definir (para nosotros mismos) la crisis existencial como un sufrimiento del primer tipo. No hay tiempo para detenerse debajo del árbol, callar la mente y comenzar a pensar en profundidad sobre la realidad de este evento hasta llegar a esa conclusión. Está estigmatizado como cuestionar los dioses en la Atenas clásica, el cuerpo y la sexualidad para la Europa Medieval o el pensamiento científico para largos períodos de dogmatismo religioso o la religión para muchos pensadores modernos, son cosas naturales y necesarias que se demonizan. Hoy el demonio no es un ser sobrenatural, es un estado humano, el del ocio. Una demonización también justificada hasta cierto grado porque no vemos otra forma de vivir bien si no es trabajando todo el tiempo que se pueda. Naturalmente desarrollamos desprecio por la quietud, la reflexión, la calma, el ocio porque implican menos dinero percibido para una mayoría de personas. Y esa mayoría de personas establece este estigma: “necesitamos trabajar para sobrevivir, no pensar en filosofías”. Si no hay espacio de contención, rituales sociales como las fiestas de quinceaños o las cenas al terminar una carrera académica o al conseguir una casa, si no existe comprensión por parte de nuestra comunidad humana que permita el desenvolvimiento de esta metamorfosis psicológica sin estigma, el sufrimiento necesario pasa a percibirse como síntoma de estar fallido y hasta de estar fallando a la comunidad. Si no podemos ver dicha finalidad, si nadie nos acompaña y nos hace ver que es natural y necesario. Glorificamos que un adolescente comience a trabajar, a tener pareja, a estudiar, a proyectar, a independizarse económicamente, a construir su casa, a pasar a la adultez. Vemos estos cambios como una prueba de su transformación. Pero nadie ve así la crisis existencial. Se ha convertido en una vergüenza. Como si una oruga fuera avergonzada por resguardarse en su capullo. Ya no sería un acto necesario al que aspira, sino un acto vergonzoso que debe ocultar y que merece ser vituperado por los demás.
¿Qué sería de la vivencia de la crisis existencial si no estuvieramos presionados a seguir produciendo? ¿Si no estuvieramos presionados a avergonzarnos de sentir? ¿Si no nos criticaran por estar confundidos y angustiados? ¿Si la comunidad nos arropara para que nos transformemos en tranquilidad y no en la ansiedad de que ese proceso debe terminar rápido así puedo continuar con las tareas de producción? *Esto sucede porque el ser humano no ha llegado a sí mismo, a su humanidad. Somos seres con la ventaja suprema de la consciencia pero aún nos cuesta ver lo que realmente somos. Vemos solo lo que hemos determinado ver socialmente. Tal como las antiguas civilizaciones se veían como creaciones divinas para el trabajo, o luego como creaciones fallidas que debían vivir bajo el castigo y la culpa o como sucede actualmente, seres dedicados a la productividad sin descanso, a consumir siempre el último trend disponible, a usar la ropa de moda y a la actividad constante. Pareciera que ninguno ha visto su propia humanidad, entonces no hay forma de construir una vida aceptable, agradable, reconfortante, que nos aferre a la existencia y no nos haga ver mas allá de ella. Que nos haga valorar la vida en lugar de lo que creemos que hay después de ella. Que nos una con una actitud que no solo vela por la transformación propia sino de cada ser vivo para la plenitud.
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